
Finalmente la tan ansiada visita a la obra reciente del Arquitecto Teodoro González de León, leyenda viviente de la arquitectura mexicana, considerado por muchos como el último eslabón con una arquitectura cuyos principales recursos son la destreza geométrica y la tectónica.
La visita al Centro Cultural Universitario puede considerarse una epopeya urbana (para todos aquellos que no han hecho del automóvil su único medio de transporte), primero hay que tomar metro o metrobus, una vez en C.U. habrá que tomar el famoso Pumabus que sin costo transporta a sus visitantes a cualquier punto de la máxima casa de estudios del país. Acostumbrados a vivir en el asfalto y reconocer a cortas distancias nuestros destinos, la travesía por la reserva ecologica se vuelve más que gratificante, aire fresco y un descenso gradual de temperatura son los primeros indicios de la entrada a un nuevo mundo.
Para todos aquellos que han estudiado la obra del Arquitecto les resultara sorprendente la insinuante levedad del edificio y la incorporación de nuevos materiales en su paleta: Piedra oscura para la plaza, laminas de acero para el espejo de agua, cristal templado entintado serigrafiado con puntos blancos, concreto blanco y cancelerías de aluminio. Claro está que mantiene su predilección por los materiales puros.
Lo primero que reconocemos es el gesto amable de dejar una banca paralela a la plaza para contener una exuberante plantación de "garras de tigre", desde donde tenemos un dominio general del edificio a visitar. El serigrafiado en el ventanal se diluye donde es necesario para permitirnos ser espectadores de lo que sucede al interior de las galerías, seducción pura. Teodoro no teme al escaso mantenimiento que en México se da a lo edificado y decide sembrar en la plaza un espejo de agua que por su posición y dimensiones pareciera tener la única finalidad de endulzar la lente de los fotógrafos casuales que visitan el lugar, con bellas imágenes del reflejo de una fachada a 45 grados que insinuante cobija el espacio público, pero que en el acontecimiento de la vida del lugar es el principal protagonista: un atractor en la actividad lúdica de sus personajes.
Con gentil cordialidad el nuevo museo comparte con sus vecinos la plaza y coquetea colocando su acceso al final de la misma, muy cercano a la entrada de la Sala Nezahualcoyotl, hogar de la Orquesta filarmonica de la UNAM. Es por esta razón que no se le juzga por ser diferente, no busca competir sino equilibrar, rejuvenecer...
El oficio del arquitecto nos da la primera lección: Dialogar y aportar.
Continuará...