8.09.2010

Concursos de Arquitectura y Obra Pública en México.

A pocas horas de la entrega final del concurso privado-selecto para la recuperación y puesta en valor del Archivo General de la Nación (A.K.A. Lecumberri) y acerca del cual no tenemos ninguna información, dado el secretismo y hermetismo que envuelve dichos concursos "por invitación", pero del cual sabemos a través de amigos que trabajan con Rojkind, AT103, Fernanda Canales, TEN Arquitectos.Tatiana Bilbao y Javier Sanchez, el lunes se entrega y hoy todos trabajan a marchas forzadas.




En un concurso de arquitectura en México usualmente existen dos personajes importantes: Cliente y Arquitecto. En la lógica más primitiva podemos deducir que a un cliente con x cantidad de dinero para realizar un proyecto le conviene convocar a un concurso en espera de encontrar la mejor solución para un proyecto que pretende emprender, a un arquitecto le permite validar su calidad frente a otros despachos y generarse por cuenta propia trabajo a corto o mediano plazo según sea el caso.


Mucho se ha criticado el concepto de "concurso arquitectónico" debido a que el esfuerzo de muchos despachos es desechado al escoger un solo ganador, esfuerzo que podría emplearse para otros proyectos, pero que en un país en crisis económica y con una nula inversión en obra pública es difícil. Es quizás esta la mayor razón para participar en un concurso de arquitectura: la falta de trabajo.




Nuestro país apenas empieza a concursar la obra pública, con ejemplos como La Biblioteca Nacional José Vasconcelos,  El Senado de la república"El Arco del Bicentenario" o el Pabellón de México para la Expo Shangai 2010 entre otros pocos. Casi todos ellos plagados de irregularidades, pésimas ejecuciones de obra y en algunos casos violaciones a las bases, temas de los cuales poco se ha hablado públicamente.


Deberíamos preguntarnos porque no existe una preocupación por parte del Colegio de Arquitectos para regular y establecer bases justas para todos los participantes, participar activamente en la promoción de los concursos y formar un consejo que evalué la calidad de las propuestas, defender la buena construcción de la ciudad e inclusive establecer los valores que deben tener los nuevos edificios que habrán de construirse en todo el país.


Es fundamental que las decisiones no se sigan tomando debajo de la mesa o a escondidas, que se hagan invitaciones abiertas y que se generen mecanismos de promoción y participación más allá de la mera publicación de resultados. Es necesario también que la población participe en las dinámicas de transformación de su ciudad, para que en seamos todos quienes decidamos lo mejor para nuestro país, la tan citada democracia.




Mientras tanto podemos buscar otras alternativas, Generar propuestas independientes como el proyecto Ciudad Futura de Alberto Kalach, abrir Oficinas Gratuitas de Arquitectura (PKMN), concursar proyectos gratuitos a clientes con buenas ideas (Larimer + Bernheim.) o coordinar con el gobierno intervenciones en la ciudad como el proyecto estonoesunsolar. 


Esperemos que el concurso para Lecumberry tenga al menos un mejor final que sus antecesores, mientras tanto nos seguimos preguntando quien invita y quien decide como se construye nuestro país.