9.23.2010
Avelina Lésper y el arte contemporáneo.
Vagando ociosamente por internet he descubierto el blog de Avelina Lésper, crítica de Arte. Vale la pena pasearse un buen rato por su blog, no sorprenden sus reflexiones llenas de sentido común respecto al halo de sinsentido que envuelve a una buena cantidad de obras artísticas enmarcadas dentro llamado arte contemporaneo que se exhibe actualmente en las galerías mexicanas más reconocidas, es algo que todos hemos pensado alguna vez. Lo que de verdad llama la atención es el paralelismo con la arquitectura mexicana contemporanea, los mecanismos de promoción de los "jovenes talentos" y la figura del curador de arte, que en el caso de nuestra práctica podría entenderse como el editor de revista.
Justamente ayer por la noche nos preguntábamos sobre la calidad de los edificios construidos en México desde la conquista hasta la década de los cuarentas o cincuentas (Vergonzosamente no supimos distinguir la etapa en que el buen oficio de construir se sustituyo por la economía de recursos) y es que por fortuna la Colonia Roma cuenta con un buen catalogo de edificaciones, muchas de ellas protegidas. Tratamos de hacer memoria de algo que no vivimos, tratando de entender porque estos edificios antiguos tienen tan buena hechura, preocupación por los detalles y se mantienen en tan buenas condiciones; y por el contrario lo que se construye actualmente es tan carente de buenas maneras.
Pensamos en primera instancia que debía deberse a los recursos empleados para la construcción (suponemos que anteriormente solo construían unos cuantos hacendados todopoderosos) o bien al dibujo técnico con grafito y papel con todo el tiempo posible para desarrollar un proyecto y probablemente también al hecho de que el proyectista participaba decididamente en la edificación supervisando hasta el más mínimo detalle resolviendo en obra lo que el papel no supo explicar, cobijado por el respeto que la sociedad profesaba al noble oficio que prácticamos y que hoy se ha demeritado tanto.
Pensamos también que el motivo pudiese estar en el sistema político y que la democracia que tanto agradecemos termino por reducir los tiempos de obra a sexenios y las inversiones a costos políticos; o tal vez simplemente que la revolución industrial ha pasado la factura a los ciudadanos que a cambio de crecimiento acelerado tienen que vivir en esqueletos de vidrio, block y tablaroca, que amparados en la modernidad han perdido cualquier signo de ornamento y proporción.
En fin que concluimos que preferíamos un edificio colonial con todos los prejuicios que esto puede suscitar en el mundillo de la arquitectura paramétrica actual que vivir en un lujoso departamento en Reforma. Y es por eso precisamente que el texto titulado Contracultura en Nueva York de Avelina Lesper es altamente recomendable para todos aquellos que como nosotros se sienten pasados de moda por apreciar el talento, el oficio y el buen hacer más allá de las tendencias actuales:
"¿Quiénes son los contraculturales en esta mediocridad oficial? ¿Quién rompe las reglas? El arte verdadero. Saber dibujar es una revolución contracultural. El gesto más out-sider que existe es decir “soy pintor” “soy dibujante” y además saberlo hacer con maestría, no hacer los típicos rayones del arte oficial. Las galerías de vanguardia están exponiendo dibujos de grafito de 2 metros cuadrados, hiperrealistas, perfectos. Robert Longo está exponiendo dibujos de 10 metros por cuatro de altura. La contracultura es saber quien es el nuevo pintor, qué están haciendo los dibujantes. " Avelina Lesper.
Hoy en día es más rebelde un chico estudioso que cumple con sus tareas que aquel que como los demás se pierde entre fiestas intentado imitar las poses y manías del rockero en turno.
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