Con la excusa de asistir a la inauguración de la más reciente obra de Jorge Mendez Blake: La marquesa salió a las cinco o biblioteca imposible (De la cual hablaremos en el siguiente post), hemos visitado el Museo Rufino Tamayo inaugurado en 1981 y firmado por los arquitectos Teodo Gonzaléz de León y Abraham Zabludosky, quienes por este edificio en 1982 recibieron el Premio Nacional de Arte.
El museo existe gracias a la generosa donación de la colección privada que el artista Oaxaqueño Rufino Tamayo (1899-1991) hizo al pueblo de México, que en total suma más de 300 obras dentro de las cuales podemos encontrar trabajos de :Pablo Picasso, Mark Rothko, Joan Miró, Roberto Sebastián Matta, Max Ernst, Wilfredo Lam, Joaquín Torres-García, Fernand Léger, Fernando Botero, Francis Bacon, Pierre Soulages, René Magritte, Francisco Toledo, Isamu Noguchi, Antoni Tàpies, Marino Marini Jean Dubuffet y Rufino Tamayo. Actualmente el Museo cuenta con un programa de exposiciones temporales en donde se presenta la obra artistas nacionales e internacionales de actualidad bajo la dirección de Sofía Hernández Chong Cuy.
Despues de 29 años de existencia el museo aún se conserva en buen estado y se puede decir de él que ha envejecido con la dignidad propia de los materiales con que fue construido. Ubicado sobre el paseo de la reforma forma parte en conjunto con el Museo Nacional de Antropologia e Historia y el Museo de Arte Moderno de los referentes indispensables para el turismo cultural en la Ciudad de México.

La aproximación al museo reconforta al visitante al pasear a través de pinos, eucaliptos y demás especies boscosas que habitan el bosque de Chapultepec y que abren un pequeño claro en su interior para albergar el museo y una serie de esculturas . El detalle en los acabados aunque de un aire brutalista es sofisticado, desde la elección del pavimento exterior sabemos que todo lo que veremos de ahora en adelante será concreto y piedra lavada. Las firmes escalinatas que definen la plaza de acceso inmediatamente nos recuerdan que estamos accediendo a un edificio institucional, que mediante le desnivel permiten a la vez a sus jóvenes visitantes tomar lugar para contemplar el paisaje, como modificar la escala en el gran portón de acceso.
Sabíamos que Rufino colaboro directamente con Abraham y Teodoro en el diseño de este recinto (seguramente entre grandes artistas los apellidos no hacían falta), pero nunca imaginamos la complejidad espacial en el vestíbulo de acceso. Grandes trabes de concreto permiten abrir tragaluces para la entrada de luz natural y vanos en los remates de las mismas permiten a la oscuridad estar presente en un lugar tan luminoso. El vestíbulo también nos recuerda algunos detalles del Convento de la Tourette de Le Corbusier con su sencillez geométrica pero justa, que permite respirar el verde de los arboles y sentir la siempre mágica presencia del detalle. Los desniveles se resuelven siempre con rampas, en una visión futurista de accesibilidad total, que permiten un transito sutil y fluido para quienes deciden sencillamente pasear por el edificio.
Las galerías que visitamos han dejado su losa reticular aparente como una remembranza de la Yale University Art Gallery diseñada por Louis Kahn en 1953, hazaña constructiva que da un sentido distinto a las obras que alberga y confiere al espacio un carácter casi hogareño, como si efectivamente visitáramos una casa del arte en donde el maestro Rufino a dispuesto con orden cuidadoso las obras que le apasionan.
Actualmente existe un proyecto de ampliación de 1,600 m² para el museo realizado por Teodoro González de León y cuya finalidad es la creación de 2 nuevas salas (una de ellas dedicada a la obra de Tamayo), Biblioteca de Arte Contemporaneo y Restaurante, con una inversión de 50 MDP y cuya inauguración está programada para el próximo año.
A continuación presentamos un extracto de una pequeña entrevista publicada por el periodico la Jornada en Febrero del 2010 refrente al proyecto de ampliación y en el cual el arquitecto rememora alguna anecdotas:
Teodoro González de León (1926), quien diseñó el museo junto con Abraham Zabludovsky (1924-2003), fue contratado para hacer el proyecto de ampliación, y desde hace tres meses entregó los planos al INBA.
Pasamos nueve años sin que dieran permiso a Rufino (Tamayo) en Chapultepec, pero él siguió insistiendo ante el gobierno. Fue a la Cámara de Diputados, también con las autoridades del bosque, hasta que Carlos Hank González, entonces regente de la ciudad de México, nos llamó: ‘miren, ¿qué les parece este terreno? Pero, allí está la antigua casa del Club de Golf Azteca’. Era la bodega de jardinería del bosque de Chapultepec. ‘Lo tiramos, entonces, nadie nos puede decir que ocupamos terreno del bosque”.
La ampliación, entonces, consiste enexpandir el lado oriente de manera que las salas de exhibición crecerán 672 metros cuadrados, las oficinas 252 metros cuadrados y las áreas de museografía y mantenimiento 259 metros cuadrados. La bodega también tendrá una ampliación más o menos significativa. El museo Tamayo, por fin contará con una buena cafetería: Se me ocurrió, para no molestar las salas, que uno pudiera entrar al vestíbulo, pero volver a salir, recorrer la fachada en un pasaje de vidrio y llegar a la cafetería. Como está en alto libras a los peatones y hay vista del Castillo de Chapultepec.
–¿Mediante qué concepto se diseñó el museo Tamayo? –
En ese periodo de nueve años –prosigue Teodoro González de León– visitamos 60 museos entre Abraham (Zabludovsky) y yo para tener buena información. La arquitectura se hace visitando la arquitectura. Uno reinterpreta todo lo que está pasando, lo viejo, lo nuevo. “Nos importaba saber el tamaño de ancho de una galería para crear un módulo. Para el tipo de obra (artística) que se manejaba en aquella época llegamos a que 7.20 metros de ancho estaba perfecto, por distintos largos. Fernando Gamboa (primer director del Tamayo) nos recomendó seis metros, pero fuimos un poco más cautos."
Ahora que diseñé el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) volví a hacer una investigación. Recorrí 30 museos y galerías, que eran lo que más me importaban, porque son las primeras en recibir la obra, incitan a los artistas, son espacios descomunales. En el MUAC tengo 12 metros de ancho por largos de 20 y 25 metros, y alturas de seis, nueve y 12 metros. En el Tamayo teníamos 4.5 y seis metros de altura como máximo. Las dos salas de la planta baja ahora serán de 14 por 14 metros, siguiendo el modelo, pero doble, para obtener un espacio más contemporáneo.
–¿Habrá un espacio dedicado a Rufino Tamayo? –Sí, aunque no una sala especial. Todo el museo es de él, pero siempre va a haber un espacio con su obra. Que si ponen cuadros pequeños o puras litografías, ocupen un lugar, o ponen cuadros más grandes, ocupen este otro. Esa es la idea.








